31 may 2014

Causalidad y ecología profunda: Acercándonos a la revolucionaria obra de Edward Goldsimth


Una de las dos premisas principales de la visión moderna del mundo y sus paradigmas académicos consiste en que todos los beneficios, y por lo tanto nuestro bienestar y riqueza real, derivan del mundo hecho por el hombre; esto significa, en realidad, que son el producto de la ciencia, la tecnología y la industria y del desarrollo económico que éstas posibilitan. De tal modo, la salud es considerada como algo que se reparte en los hospitales, o al menos a través de los profesionales de la Medicina, respaldados por los últimos avances tecnológicos y novísimos fármacos. La educación es vista como un producto que puede adquirirse en colegios y universidades. La ley y el orden, más que ser rasgos naturales de las sociedades humanas, son en cambio proporcionadas por nuestros cuerpos policiales, junto con las cortes de justicia y el sistema penintenciario. Aun la sociedad es vista como un producto humano, puesto en práctica mediante el "Contrato Social".

No ha de soprendernos que la riqueza de un país se mida según el producto nacional bruto (PNB) per cápita, que proporciona un vago indicio de su habilidad para ofrecer a sus ciudadanos la mayor gama de productos hecha por el hombre, principio éste que la economía moderna refleja con fidelidad. Los inestimables beneficios aportados por el normal funcionamiento de la Biosfera tales como un clima propicio y estable, suelo fértil y agua limpia, sin los cuales la vida en este planeta sería imposible resultan totalmente ignorados y no se les asigna valor alguno. De esto se desprende que la privación de tales no beneficios no puede considerarse un "coste" y, por lo tanto, los sistemas naturales que los proporcionan pueden ser destruídos con total impunidad económica.
Edward Godsmith

Edward Goldsmith, en su obra fundamental The Way -traducida al castellano como "El tao de la ecología"1- desarrolla conceptos muy interesantes para expresar y estimular un profundo cambio en la percepción convencional acerca de los problemas y acontecimientos de la naturaleza y la sociedad humana.

Tras la lectura de la cita que figura en la cabecera de este artículo, podemos apreciar que bajo discursos aparentemene opuestos como pueden ser las clásicas ideologías políticas de "la izquierda" y "la derecha", subyacen a menudo gran cantidad de supuestos comunes que ni se plantean ni se ponen en cuestión ya que forman parte esencial de los paradigmas propios de la sociedad contemporánea. The Way pertenece a esa clase de trabajos que facilitan e invitan a ver esos paradigmas desde fuera, a mover el punto de enfoque dando claridad y abriendo espacios para nuestro potencial creativo y transformador de la realidad.

Como introducción al lenguaje conceptual que propone Goldsmith, presentamos a continuación un breve glosario, seguido de un extracto de "El Tao de la ecología" (The Way) donde poder apreciar el empleo de estos conceptos por el autor en el contexto de sus brillantes líneas.

Homeotélico: Término acuñado por Goldsmith para referirse a la cualidad de los seres o sistemas naturales de relacionarse ordenadamente con su entorno de forma que contribuyen a la sustentación de la totalidad de la que forman parte. Es el mismo concepto que la "integración armónica" descrita en el artículo sobre el Paradigma de la Organicidad, según la cual los organismos no sólo se autorregulan sino que contribuyen a la autorregulación de su entorno del mismo modo que las células de un cuerpo contribuyen a la regulación de todo el organismo. En The way, encontramos este concepto más desarrollado en toda la riqueza de sus matices.

Heterotélico: Cualidad o comportamiento de un ser o sistema no ordenado con su entorno, de forma que no es sustentador de la totalidad, es decir, que genera entropía y desestabiliza la totalidad de la que forma parte.

Vernáculo: Goldsmith aplica este término a los aspectos de una sociedad o cultura no organizados ni diseñados externamente por estructuras como el estado, sus instituciones u otros sistemas heterotélicos como entidades financieras y comerciales. Las sociedades ques son enteramente vernáculas (pueblos nativos o "aboriginales") son homeotélicas con el ecosistema del que forman parte.

Homeoárquico: Se refiere al autogobierno de un sistema como totalidad, es decir, todas las vías naturales de regulación de sus elementos. Cuando esas vías de regulación se organizan externamente, desde una estructura artificialmente separada de la totalidad como puede ser un estado, un ejército o una corporación comercial, Goldsmith habla de control o gobierno heterárquico.

Paradigma de la Ciencia: Expresión con que Goldsmith hace referencia al paradigma filosófico, metafísico, y metodológico que subyace a la ciencia moderna occidental de los últimos siglos, especialmente desde la Revolución Industrial. Una forma de entender la naturaleza y el propio conocimiento humano sobre la que se asientan también nuestra sociedad y nuestro sistema económico. Dos de sus principales señas de identidad son el mecanicismo o mecanomorfismo (Concepción o descripción de la naturaleza como un sistema inercial semejante a una máquina) y el reduccionismo (tendencia metodológica al estudio de los elementos aislados de su contexto y la causalidad lineal) [Ver también "La transformación de los paradigmas científicos en los movimientos de transición"].

Y ahora, pasemos a ver una muestra del uso de estos conceptos en su contexto:

La ecología explica los acontecimientos en términos del papel que cumplen dentro de la jerarquía espaciotemoral gaiana2

La ciencia predominante percibe cualquier acontecimiento del mundo real como el resultado de una "causa". Una causa es un evento discreto cuya observación empírica muestra, mediante un procedimiento de inducción , que precede al efecto en el tiempo. Basado en esto se asume que siempre tendrá el mismo efecto.

Este principio explicativo encaja a la perfección en el paradigma de la ciencia. Es reduccionista, ya que la causa es un evento discreto; es mecanicista, pues la causa actúa como un gatillo que dispara un efecto específico; es predecible, pues un gatillo no es creativo ni inteligente; es compatible con la noción de azar, pues el proceso causal sucede aislado de todo otro proceso; y no es teleológico, debido a que la causa debe necesariamente preceder al efecto.

Sin embargo, proporciona un cuadro equívoco de los acontecimientos en el mundo real, pues un proceso de vida -contrariamente a la impresión transmitida por el neodarwinismo- no ocurre en el vacío sino como parte integral de un proceso mucho más amplio: La evolución de la propia ecosfera. Como tal, está sujeto al control homeoárquico de la ecosfera, vista como un sistema espaciotemporal. Este control de la parte por el todo puede definirse como causalidad holística, aunque también se la ha llamado causalidad "emergente" o "hacia abajo".

Un proceso vital también evoluciona con un propósito determinado, el de cumplir una función específica dentro de la jerarquía de la ecosfera3, del modo de contribuir al mantenimiento de su orden crítico y, por lo tanto, de su estabilidad. Por esta razón sólo puede ser explicado en términos de su papel o propósito dentro de la jerarquía espaciotemporal gaiana. Es esta explicación la que debe entenderse como causa, si es que la palabra "causa" ha de tener algún uso en la descripción de los procesos vitales.

Si no podemos explicar un proceso homeotélico normal en términos de causas discretas aisladas, tampoco podemos hacerlo con un proceso heterotélico que desorganiza el funcionamiento de los sitemas naturales e interfiere con la consecución de sus metas. La razón es que dicho acontecimiento heterotélico puede provocar una reacción constatable en cadena cada vez más heterotélica, por lo que aquel acontecimiento que se creía causa puede ser nada más que uno dentro de una larga serie, donde cada acontecimiento puede ser tomado como causa. Consideremos el siguiente pasaje de los escritos de George Perkins Marsh, diplomático norteamericano del siglo diecinueve y uno de los precursores del movimiento ecologista actual:

Las larvas acuáticas de ciertos insectos constituyen, en ciertas temporadas, gran parte del alimento de los peces de agua dulce, mientras que otras larvas predan las huevas e incluso las crías jóvenes de sus predadores. Las larvas de mosquito y jején son el alimento preferido de las truchas en las regiones boscosas donde esos insectos abundan. A principios de año, la trucha se alimenta de larvas de efímera, insecto a su vez muy destructor de las huevas del salmón. De esta manera, la destrucción del mosquito que sirve de alimento a la trucha que preda a la efímera que destruye las huevas del salmón que cría el gastrónomo, puede ocasionar una escasez del último pez en aguas donde, de otro modo, abundaría. Toda la naturaleza está unida por lazos invisibles y cada criatura orgánica, por más elemental, frágil o dependiente que sea, es necesaria para el bienestar de otra dentro de la miríada de formas de vida con que el creador ha poblado la Tierra (Marsh, 1965, p.96).

¿Cuál es la causa de la frustración del gastrónomo? ¿Por qué se ha visto privado de su salmón? La respuesta obvia es que la efímera se ha comido las huevas. Pero ¿es esa una respuesta suficiente? No, pues las efimeras no hubiesen sido un problema de existir suficientes truchas que las comieran. Por lo tanto, la ausencia de la cantidad apropiada de truchas es otra caudsa del triste hecho, aunque tampoco es suficiente, pues si en la zona hubiesen existido suficientes larvas de mosquito, las truchas no habrían emigrado. Por lo que la ausencia de mosquitos también puede considerarse causa, pero tampoco suficiente, ya que si los seres humanos no hubiesen matado a los mosquitos, habría larvas suficientes. Resulta entonces claro que debemos considerar el probelma con mayor profundidad. Para comenzar, en otro tiempo los habitantes de la región se las arreglaban bien con los mosquitos ¿por qué ya no? Tal vez llegaron a la zona personas particularmente sensibles a las picaduras de mosquitos o tal vez una compañía química haya persuadido a la población de librarse de los insectos, que de otra forma hubieran tolerado, fumigándolos con un insecticida producido, precisamente, por esa compañía. Pero, ¿cómo puede la gente ser tan estúpida como para envenenar su medio ambiente con pesticidas cancerígenos? ¿Por qué se permite que las compañías químicas produzcan? Responder a estas preguntas implica describir la naturaleza de nuestra sociedad industrial y el modo en que llegó a existir.

De lo dicho aquí surge con claridad que en esta sociedad resulta política y comercialmente conveniente tomar como determinante la causa más inmediata e ignorar el resto. Se justifica así el tratamiento más superficial posible, a fin de adecuarlo a las estructuras sociales y económicas de las que hemos llegado a depender para satisfacer nuestros intereses a corto plazo. Esta estrechez técnica es la cotización en bolsa de las corporaciones en que se organiza nuestra sociedad. Si se interpreta que la causa del daño a los cultivos es una determinada plaga, se justifica una guerra contra ella (lo cual conviene a los fabricantes de plaguicidas), si se interpreta que la cuasa de una enfermedad infecciosa es un determinado microorganismo, se justifica el uso de antibióticos para eliminarlo (lo cual conviene a la industria farmacéutica). La adopción de estas soluciones estimula además otras actividades comerciales, como las finanzas, el transporte y el comercio, que proporcionan empleos, contribuyen con impuestos a las cuentas fiscales y, al menos por un tiempo, incrementan eso que llaman el bienestar material.

Sin embargo, los recursos tecnológicos sólo resuelven problemas tecnológicos. No revierten la perturbación de los sistemas naturales. Por el contrario, al aliviar los síntomas hacen que los problemas sean más tolerables y en consecuencia los perpetúan. René Dubos, microbiólogo francoamericano padre de lo que puede llamarse ecología de la salud, señaló hace cuarenta años que los microorganismos no son la causa de una enfermedad infecciosa (DUBOS, 1967, pp.163-195). El ser humano está siempre poblado por una gran cantidad de microorganismos; más aún, según la microbióloga norteamericana Lynn Margulis, conocida por sus investigaciones en ecología microbiana y sus aportes a la tesis Gaia, albergamos en nuestros cuerpos tantas céluldas microbianas (procariotas) como células animales (eucariotas), y la mayoría de aquéllas juega un papel esencial en nuestro metabolismo (MARGULIS, comunicación personal). Dubos atribuye las enfermedades a una ruptura del equilibrio crítico entre el ser humano y sus poblaciones de microorganismos precipitada por un conjunto de factores. (...)

Louis Pasteur, que primero culpó a los microbios, llegó a percibir su yerro. En su lecho de muerte admitió: "El microbio no es nada, el terreno lo es todo". W. R. Day, especialista en enfermedades de las plantas, también señala que culpar al parásito implica ignorar causas fundamentales (DAY, 1967, p.95). La reciente mortandad de delfines en el Mar del Norte, por ejemplo, parece remitirse a su contaminación por bajos niveles de metales pesados, productos químicos y radionucleidos, cuya combinación reduce la eficacia del sistema inmunológico de los mamíferos marinos contra los virus oficialmente inculpados. Lo real es que el Mar del Norte simplemente ha dejado de proveer un hábitat viable para los delfines y muchas otras formas de vida.

Lo mismo es válido respecto a la degradación de los bosques en Europa y en la costa este de América del Norte, donde los árboles mueren en cantidades alarmantes. Se acusa de este asesinato a la "lluvia ácida", que contiene altos niveles de ácido sulfúrico producido por la combinación de dióxido de sulfuro proveniente de la industria con la humedad de la atmósfera. Sin embargo, también agonizan y mueren árboles en zonas donde la contaminación con dióxido de sulfuro es escasa o inexistente. Es más probables que la responsabilidad corra por cuenta de una sutil combinación de contaminantes de toda clase en el aire, la lluvia y el mismo suelo, lo cual nos obliga a enfrentar el deprimente hecho de que la actual sociedad industrial está creando condiciones incapaces de sostener formas complejas de vida como los grandes árboles. Estas condiciones son las opuestas a aquéllas logradas en un ecosistema en su clímax, donde todo converge para prevenir las epidemias de esta clase.

Es imposible comprender los desalentadores problemas que enfrentamos hoy en términos del estrecho concepto científico de causalidad. Éstos deben ser estudiados dentro de su contexto ecosférico total. Cuando hacemos esto último surge con claridad que no podemos resolver nuestros problemas con medios tecnológicos (que sólo tratan los síntomas), sino refiriéndonos a los desajustes sociales y ecológicos subyacentes. Esto significa producir cambios fundamentales en nuestra sociedad y en nuestra economía, y en su relación con nuestra degradada ecosfera, de modo que la preservación de su orden crítico se convierta en nuestra prioridad.

1 El Tao de la ecología (Goldsmith, 1999), Icaria ed.
2 Capítulo 6 de El Tao de la ecología (Op. Cit).
3El concepto de "jerarquía" en el contexto ecológico, empleado por Goldsmith y otros autores, puede dar lugar a equívoco ya que no hace alusión a lo que comúmente se entiende por esa palabra. Cuando Goldsmith habla de jerarquía ecológica no ser refiere a una estructura piramidal de relaciones de poder entre los elementos de un sistema, sino al hecho de que en la naturaleza unos sistemas incluyen a otros (por ejemplo, un organismo incluye a sus células, y un ecosistema incluye a sus organismos) de tal forma que la regulación de sus elementos está supeditada a la totalidad de la que forman parte, cumpliendo todos una función homeotélica en dicha totalidad. "Jerarquía espaciotemporal gaiana" hace referencia a la integración, en esta manera, de todos los sistemas y seres de nuestro entorno en la evolución y autorregulación del planeta Tierra, o Gaia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario